La condal villa de Castelló de Empúries hace años que lava las caras de sus palacios, conventos, murallas y la catedral para mostrar a todos su pasado glorioso. Paseando por las calles del núcleo histórico apreciaremos la nobleza de muchas casas, venerables piedras de siglos pasados, plazas sombrías, calles estrechas, porches húmedos donde se respira un aire pesado, grandes portales, entradas oscuras, hierros forjados, presumiendo inmortalidad...El Castelló antiguo asusta, admira, transporta en el tiempo, nos hace vivir en un ambiente misterioso, romántico, instigador...Con un poco de imaginación oímos el galope de los caballos de los condes que pasan por las calles empedradas, los gritos de los vendedores del mercado, los mercaderes discutiendo en la lonja, los soldados afilando las espadas...Castelló fue durante la Edad Media capital del condado de Empúries, alcanzaba los 2.500 habitantes y era una de las ciudades más importantes de Cataluña.

En Castelló vivían agricultores, artesanos, funcionarios de la corte condal, muchos clérigos y religiosos, soldados, mercaderes...Y también judíos –unos 200 ó 300- que vivían en su propio barrio: La judería. Para mostrar su capacidad, las casas de los condes y riqueza, construyeron una gran iglesia-catedral dedicada a Santa María que después de muchos siglos continua siendo la catedral del Empordà y todos la admiran. Después de pasar por las calles oscuras y húmedas del casco antiguo, una gran plaza luminosa nos muestra la imponente catedral, con la portalada de mármol blanco e imágenes serias. Castelló fue una villa importante. Debe de ser por eso que la gente de otros pueblos de la comarca decía: “Castelló villa mayor, todos son jueces y notarios”.

La villa fue levantada en una pequeña elevación del terreno en una época en que las tierras estaban cubiertas por lagos y ciénagas. Hoy, después de desecarse muchas de estas zonas pantanosas para aprovechar las tierras para el cultivo, se encuentra en medio de la llanura aluvial, a orillas del río La Muga y a cuatro kms. del mar. El lugar fue escogido por los condes de Empúries cuando trasladaron la capital del condado (que se encontraba en Sant Martí d’Empúries) por su situación cercana aunque no inmediata al mar (hecho que protegía de la piratería) y por ser un mirador natural sobre los alrededores, hecho que facilitaba la defensa. Los barcos llegaban hasta la villa a través del Muga, que era navegable.

Al término de Castelló, al este, pertenece un largo tramo de costa baja y arenosa del golfo de Roses. Los arenales de la playa separan del mar las tierras ocupadas por las ciénagas que son residuos de los antiguos pantanos, hoy desecados y de los cuales el más importante era el “pantano de Castelló”. Los pantanos fueron muy importantes durante la época medieval ya que proporcionaban pesca y caza abundantes. También se producía sal en las lagunas más próximas al mar.

Muchos de estos pantanos fueron desecados a partir del s. XVIII y hasta principios del s. XX para convertirlos en pastos y campos de cultivo. Aparecieron numerosas masías y corrales (casas de campo dedicadas exclusivamente a la ganadería, propias de esta zona del noroeste de la llanura ampurdanesa, especialmente entre el Fluviá y La Muga). En el Empordà, se llaman “closes” a los prados naturales, a menudo antiguos pantanos, limitados por acequias o corrales y márgenes arbolados que concluyen con hierro espinoso. Suelen destinarse a pastos de vacas, bravos, yeguas y pollinos. Las tierras cultivadas, muy fértiles, producen maíz , trigo y forrajes para el ganado . También destacan los sectores de la huerta que junto con las arboledas, frutales, canales y prados verdes ofrecen un paisaje prodigioso. Los arrozales que antaño habían sido importantes, hoy prácticamente han desaparecido.

En la Edad Media Castelló vivía del comercio, la artesanía y la administración derivada de los condes. La agricultura estaba poco desarrollada. Durante los siglos XVII, XIX y parte del XX la agricultura y la ganadería fueron las actividades económicas más importantes y, durante la segunda mitad del siglo XX se ha vivido la transformación derivada del turismo, principalmente con la construcción de la urbanización “Ampuriabrava” y de todas las actividades económicas que ha generado (construcción, hostelería, comercios, gestión administrativa,...)

El municipio de Castelló cuneta con unos 5.283 habitantes (censo del año 2001) de los cuales unos 1.981 residen todo el año en Ampuriabrava. La población de esta urbanización llega a los 50.000 habitantes durante los meses de Julio y Agosto, hecho que comporta un gran gasto en cuanto a los servicios que debe ofrecer el ayuntamiento de Castelló durante el período estival (basuras, agua, limpieza de playas, ...).

El primer documento conocido que habla de Castelló es del año 879. Se trata del acta de un juicio celebrado “in villa castilione in territorio Petralatense” en presencia de Dela, conde de Empúries, y de Teotari, obispo de Girona. Debía de resolverse la posesión de unas celdas monásticas, situadas en el condado de Peralada, que se disputaban los monasterios de Banyoles y Sant Policarp de Rasés. Una de estas iglesias era la de Sant Joan Sescloses situada en la orilla occidental del Lago de Castelló. Esta iglesia es hoy una simple ermita que pertenece a la parroquia de Castelló pero que se encuentra dentro del término de Vilanova de la Muga. Este documento muestra que ya en el s. IX Castelló debía de ser un lugar bastante importante por el hecho de celebrarse allí un juicio de estas características.

En el año 945 el conde Gaufred de Empúries hacía donación al monasterio de Sant Pere de Rodes de todo el lago de Castelló con sus derechos de pesca. La primera noticia documentada sobre la existencia de la iglesia de Santa María de Castelló es del año 1007. Se trata de una compra hecha por el obispo Odó de Girona a los esposos Tedmar y Truitel·la de un alodio de Castelló que comprendía diversos montículos, dos lagunas y dos lagos llamados “Ded” y “Bona Conca“. La propiedad limitaba, en diferentes puntos, con tierras de Sancta Maria de Castilione. Los historiadores creen que el traslado de la capital del condado de Sant Martí a Castelló se debió a los saqueos de los normandos y de piratas que hubo en Sant Martí hacia el año 860. Algunos autores consideran que fue el conde Sunyer II (862-915) quien trasladó su residencia a Castelló; mientras que otros suponen que este hecho se produjo en tiempos del conde Gaufred (931-991). Aún así, el asentamiento definitivo de la capital a Castelló no se produjo hasta el año 1078, con la muerte del conde Ponç I. En los documentos anteriores a esta fecha, Castelló se nombra como un territorio del condado de Peralada (que dependía del de Empúries). Ponç I dejó como conde de Empúries a su hijo Hug II, mientras el otro hijo, Berenguer, era nombrado señor de Peralada pero dependiendo s su hermano. A partir de este momento Peralada deja de aparecer en los documentos como un condado y este hecho propició el nacimiento de Castelló como capital condal.

El conde Gaufred (931-991) fue quien separó los condado de Empúries y del Rosselló. Hug I heredó Empúries. Su hijo Ponç I y su nieto Hug II propiciaron una etapa de tranquilidad y prosperidad para el condado. En 1035 el conde Hug I vendió a su esposa, la condesa Guillema, dos importantes alodios de los términos de Castelló y Roses. Más tarde la condesa cedía estos dos alodios y otras posesiones al obispo de Girona. De esta forma iba creciendo la importancia del obispo dentro del condado de Empúries, hecho que con el tiempo sería fatal para la primera dinastía condal emporitana.

El conde Hug II fortificó la villa de Castelló con un recinto amurallado. El gobierno de Ponç-Hug I (1116-1153 ó 54) fue poco favorable para el condado debido a los enfrentamientos con Ramón de Berenguer III de Barcelona, los vecinos señores de Peralada y la Sede de Girona . Ponç-Hug tuvo que humillarse delante de los condes de Barcelona que se erigieron protectores de los feudales menos fuertes. Durante el gobierno de Hug IV el condado participó en la tercera Cruzada, en la batalla de Navas de Tolosa, y talvez en la de Muret. También participó en la conquista de Mallorca, al frente de un gran número de ampurdaneses y murió.. Muchos de sus súbditos se quedaron en la isla para repoblarla. Ponç-Hug III participó en la conquista de Valencia.

Hug V (1269-1277) se enemistó con Jaime I ya que fue uno de los principales elementos de la liga de barones ofendidos con el rey. El conde llegó a sitiar Figueres y se llevó las puertas de aquella villa real a Castelló. Después de una fuerte lucha armada, Hug fue vencido en Voló, junto a Dalmau de Rocabertí, y tuvo que someterse.

Durante la invasión francesa del 1285, el conde se identificó plenamente con la causa de Pedro el Grande y lucharon juntos. Ponç-Hug también luchó con Jaime II en la guerra de Sicilia, pero se enemistó con los obispos de Girona que lo acusaban de haber intentado destruir su castillo de Llaneres. También empeoraron las relaciones con el conde de Barcelona cuando subió el precio de la sal de Castelló que se vendía a los súbditos del rey o de la iglesia e impidió la exportación de viandas en tierra real. Todo esto dio lugar a largos procesos ante la justicia real. En el año 1305, una galera de Empúries apresó en la costa de Andalucía, 65 súbditos del sultán de Granada, aliado de Jaime II en aquel momento. Este hecho lo empeoró todo. El rey preparó un ejército contra Empúries y el conde no tuvo más remedio que someterse debido a que sus rentas estaban totalmente embargadas por los judíos.

El conde Ponç-Hug V murió sin descendencia y según su testamento heredó el condado Hug de Cardona
Hug de Cardona (Hug VI) tuvo el condado dos años. En 1325 lo permutó con el infante Pere, cuarto hijo de Jaime II, por la baronía de Pego y las villas de Xalom y Laguart en el reino de Valencia. De esta manera el condado de Empúries quedó vinculado a la familia real. Jaime II había conseguido acabar con la autonomía del condado de Empúries. Con Pere I de Empúries (1325-1341) se inició la segunda dinastía condal emporitana, vinculada a la familia real barcelonesa. Este conde impulsó las obras de la iglesia, embelleció el palacio condal e hizo construir un puente sobre el río La Muga (el actual Pont Vell). En 1341 Pere permutó, por razones no esclarecidas, el condado de Empúries por el de Prades con su hermano Ramón Berenguer. Ramón Berenguer tuvo incidentes con Pere III, con los obispos de Girona, con el monasterio de Sant Quirze de Colera y con los Rocabertí. Su hijo Joan I (1364-1396) mantuvo desavenencias con Pere III el Ceremonioso. Finalmente los ejércitos de Pere III conquistaron Castelló y se declaró el condado incorporado a la corona. Aún así en el año 1387, a súplicas del Santo Padre, lo devolvió a Joan. Los dos condes que sucedieron a Joan I, su hijo Joan II y después el hermano de éste Pere III, nunca fueron reconocidos por el rey, hasta que Martín el Humano declaró el condado de Empúries integrado a la corona (el año 1402). Este hecho ocasionó el fin de la villa de Castelló como capital de un estado, primero independiente y después autónomo. Empezó la decadencia, agravada por guerras, epidemias y otras circunstancias como la expulsión de los judíos o la inundación del año 1421.

Alfonso el Magnánimo, fundó en 1445 una nueva dinastía con el título de condes de Empúries en la persona de su sobrino, el infante Enrique de Aragón. En el siglo XVI este título condal pasó, por nupcias, a la casa ducal de Cardona y finalmente, por diferentes enlaces, fue a parar a los duques de Medinaceli. Los Medinaceli se llevaron todo el archivo condal a Sevilla y es allí donde se guarda en la actualidad.

Durante las Guerras de Segadores, de Sucesión y de la Independencia, Castelló hizo frente a las tropas francesas que arrasaron las murallas, barrios y conventos de los extramuros. Durante la Guerra Carlista, en 1874, las fuerzas carlistas de Francesc Savalls atacaron por sorpresa a los liberales del brigadier Moya que defendían Castelló. Savalls fingió una retirada y su oponente cayó en la trampa; eso permitió la victoria de los carlistas. La Guerra Civil (1936-1939) provocó diferentes víctimas de un y otro bando, ocasionando una disminución de la población.

En el s. XIX, con la desamortización de muchos bienes de la iglesia, ocasionó que muchas familias acomodadas consolidasen su posición. Eran los grandes propietarios de tierras que aprovechando el momento compraron más (es el caso de Climent, Nouvilas, Delhom, Negre., Oliveres, Pastell,...). Tan sólo hay que pasearse por el actual cementerio de Castelló y contemplar los fastuosos panteones de estas familias.

Los historiadores creen que en las colinas donde se encuentra Castelló existió alguna “villa” o gran explotación agraria en época romana. El historiador Jeroni Pujades (del s. XVII), habla de la existencia de dos lápidas romanas, cerámica y monedas de la misma época. Estos restos hoy se encuentran desaparecidos. En los últimos años se han encontrado restos prehistóricos cerca del núcleo urbano del pueblo. Se trata de destrales neolíticos de piedra pulida. También se encontraron un grupo de silos que podrían se prerromanos.

Durante la Alta Edad Media el núcleo urbano de Castelló ocupaba el monte Salner, cerca de la iglesia de Santa María. Durante la Baja Edad Media, con el crecimiento de la población y de la actividad artesanal-comercial, la villa se ensancha y el centro pasa a ser la “Plaza dels Homes”, donde estaba el ayuntamiento y la antigua lonja del Mar. Hay que tener en cuenta que tanto el núcleo alto-medieval como el bajo-medieval fueron circuitos para la muralla. Este recinto amurallado queda limitado al Este por el riego del Molí, que sigue los antiguos valles y al Oeste por la “calle de la Muralla”.

A partir de s. XIV empiezan a aparecer algunos barrios situados a extramuros. La villa poseía dos hospitales; el Hospital Mayo o de Santa Lucía, cerca de la iglesia, y un hospital de leprosos en el barrio de Sant Llàtzer, a extramuros. De la época medieval han quedado pocos edificios (del Hospital Mayor no queda nada). Algunos fueron reconstruidos durante los siglos XVIII-XIX, como la casa Canónica, la casa del monasterio de Sant Pere de Rodes y algunos conventos.

El palacio de los condes se convirtió en el convento de Sant Domènech y actualmente es el ayuntamiento del pueblo.

El edificio más notable que ha llegado a nuestros días de la época medieval es la iglesia gótica de Santa María. Se levantó en el mismo lugar donde hubo otra iglesia románica, consagrada en el año 1064 y de la cual quedan muy pocos vestigios, si exceptuamos la basa del campanario actual, de transición. Se comenzó a mediados del s. XIII y dirigió la obra el arquitecto Ramón de Xartres. A principios del s. XV ya se había modelado la obra escultórica de la portalada principal y en la visita pastoral del año 1437, consta la existencia de treinta y cuatro altares. Las guerras remensas retrasaron las obras que se reemprendieron el último cuarto del s. XV, que fue cuando se esculpió el altar mayor de alabastro (una de las obras de escultura gótica borgoña más importantes de Cataluña). Durante los siglos XVII y XVIII se añadieron al edificio dos capillas laterales, la de la Purísima Sangre y la Virgen de los Dolores. Después de la guerra civil (1936-39) se iniciaron obras de restauración actualmente aún perduran. El edificio es gótico catalán. La planta es de tres naves; la central mucho más amplia que las laterales, separadas por columnas y arcos hormeros. Cada nave se divide en nueve entramados, cubiertos cada uno de ellos por bóvedas ojivales, sostenidas por cuatro nervios que confluyen en una clave. Algunas claves de bóvedas están historiadas con imágenes de santos o escenas bíblicas. La cabecera, por donde se empezó a construir el templo, presenta un ábside, correspondiente a la nave principal, y dos absidiolas al principio de las naves laterales.

La gran carcasa arquitectónica está reforzada en el exterior por grandes contrafuertes coronados por gárgolas de desagüe, algunas desaparecidas. En la cabecera y en los dos primeros entramados, con las naves laterales más bajas, los contrafuertes se ven completados por arbotantes. Los grandes ventanales de la parte absidal de la iglesia debían de tener vidrieras. Hoy tan sólo se conserva uno; los otros fueron cubiertos con placas de alabastro traslúcido. La fachada principal presenta una gran portalada de piedra del s. XV. Se encuentra dividida en tres espacios: dos torres campanarios y un hastial central. El hastial central posee la portalada, enmarcada entre dos pináculos. El tímpano presenta el conjunto escultórico de la adoración de los Reyes Magos y los laterales a los doce apóstoles. Todas las esculturas están talladas con gran perfección y profusión de detalles. Encima de la portalada y ocupando la parte superior del hastial, se despliega un gran rosetón gótico que da luminosidad al interior del templo. Al lado de tramontana se alza el campanario románico (de los siglos XII ó XIII) con decoración lombarda, oberturas de arcos de punto redondo con columnas y capiteles, frisos de arquería y dientes de sierra. Algunos de estos elementos muestran, sin embargo, una clara orientación hacia el nuevo estilo gótico.

Dentro de la iglesia se destaca el altar mayor y el retablo gótico. Este retablo, de alabastro, se divide en dos registros: el interior, que contiene diez figuras de ángeles sosteniendo los escudos o símbolos de los promotores de la obra (por ej: el escudo de Castelló, o un pan, emblema de la institución benéfica del “pà senyat”); el superior, ocho cuadros representando escenas de la Pasión. En el centro del retablo está la imagen de la Virgen de la Candelaria que aguanta al Niño con el brazo izquierdo. Las esculturas presentan realismo, dramatismo, detallismo anatómico y detallados pliegues en las vestiduras.

En algunas de las capillas laterales de la iglesia hay lápidas y sepulcros con inscripciones góticas y estatuas yacentes. Las grandes capillas de la Sangre y los Dolores tienen una decoración barroca. Una de las piezas de mayor interés arqueológico es la doble pila bautismal. Presenta dos pilas unidas; la más grande se utilizaba para bautizar a adultos, la pequeña para niños. Se cree que pertenece a la iglesia románica y esta pila podría ser de los siglos XI ó XII. Se conserva un gran órgano barroco (siglos XVII-XVIII), digno de una catedral y sometido a continuas reparaciones. Dentro de la sacristía se encuentra el museo parroquial con interesantes objetos litúrgicos, que van desde el siglo XV al siglo XVIII (custodias, vasos sagrados, cruces, relicarios,...).

Fuera de la iglesia, en la plaza y enfrente de la fachada del templo, hay una interesante cruz de término gótico-renacentista probablemente del siglo XV. De las antiguas murallas de Castelló quedan pocos vestigios pero todavía se puede seguir el antiguo trazado. Los mejores restos se encuentran siguiendo el camino paralelo al riego del Molí, por el sector oriental de la villa y detrás de la iglesia. Algunos muros presentan aspilleras y se destaca la llamada torre-portal de la Gallarda (siglos XIII-XIV). Todo este sector posee un encanto cautivador. El agua del riego del molino baja con fuerza a los pies de las altas murallas, sobresaliendo los imponentes muros de la catedral. Al otro lado del camino, ufanas huertas son mimadas por los pacientes campesinos. Un rincón idílico, refugio de pintores, escritores, nostálgicos de tiempos pasados y románticos e general.

Volviendo al interior de la villa visitaremos la plaza de los “Homes” que se presenta porticada con porches. Se destaca el edificio de la Llotja o antiguo ayuntamiento. La parte más antigua corresponde a un edificio gótico de los últimos años del s. XV y forma una gran sala cuadrada y cubierta con bóveda ojival. La fachada principal con una gran puerta y dos ventanas laterales de piedras bien talladas y acabadas en arcos apuntados. Aquí se reunía el consejo secreto de la villa, mientras que el consejo abierto, formado por más vecinos, se reunía en la plaza de la iglesia.

. Cerca de la plaza de los “Homes” está el convento de Sant Domènec que durante la Edad Media era el palacio de los condes. En el siglo XVII sufrió importantes restauraciones para adecuarlo como convento aprovechando las viejas estructuras del palacio. Actualmente es sede del ayuntamiento y el gran claustro central se ha convertido en un improvisado museo, donde se exponen lápidas con inscripciones y pequeños elementos arquitectónicos, recuperados durante las obras de diferentes edificios de la villa. El edificio contiene el archivo municipal con interesantes documentos medievales que sirven para poder estudiar la organización política-administrativa municipal de una ciudad medieval catalana.

En la plaza del “Gra” se conserva un edificio medieval de gran interés: La Curia o prisión del siglo XIV. La fachada principal presenta sillares bien tallados, un portal adovelado y ventanas con rejas de hierro forjado. El complejo comprendía dos cuerpos edificados. En primer lugar, la curia o espacio donde se impartía justicia, situado a la izquierda de la actual puerta de acceso. Desde este lugar, los condenados ingresaban al interior del segundo cuerpo edificado, constituido para prisión. Según documentos conservados, este prisión ya funcionaba en el siglo XIV y disponía de verdugo. Se preservan las celdas con interesantes grafitos de los siglos XVII al XIX hechos por los prisioneros. Al noroeste y a pocos metros de la iglesia quedan en pié cuatro arcadas de medio punto sostenidas por finas columnas. Los estudiosos creen que pertenecen a la “antigua lonja del mar”, a unos almacenes de mercaderías, a la antigua aduana o quizá restos del antiguo Hospital Mayor.

En el extremo noreste del barrio Puig Salner, está el edificio gótico conocido como “Casa Gran”. Presenta una fachada principal con sillares tallados, un portal adovelado y dos magníficos ventanales góticos (siglos XIV-XV). Se cree que era una antigua residencia señorial.

Del antiguo convento de Sant Francesc, fundado en 1246 al sureste de la población, prácticamente no queda nada, salvo las columnas del antiguo claustro que, sirvieron para construir el actual lavadero público. Uno de los rincones más bucólicos de la población. El convento de Santa Clara, de monjas clarisas, se estableció a extramuros en el año 1260. Fue destruido por los franceses en el siglo XVII y no queda ningún rastro de él. La comunidad se trasladó dentro de la villa, a poca distancia de la iglesia de Santa Maria, donde todavía se conserva el edificio con iglesia de los siglos XVII ó XVIII. La comunidad de monjas de Santa Clara es la única que ha subsistido en Castelló hasta nuestros días. En el año 1973 abandonaron el convento de la villa para trasladarse a un edificio nuevo, situado en la llanura entre Castelló y Vilasacra. Del antiguo convento de Sant Bartomeu (creado el año 1238) quedan algunos arcos que hoy forman parte del patio exterior de la casa Nouvilas. El convento de Sant Agustí, que se encontraba extramuros de la villa, se estableció intramuros y al suroeste del núcleo urbano, después de la guerra de los Segadores. El actual edificio (siglos XVII-XVIII) hoy es una casa particular.
A las afueras de la villa, al oeste, sobre el río La Muga destaca el Pont Vell, en el antiguo camino a Figueres. Se construyó en tiempos del conde Pere I (1325-41). Conserva la estructura del siglo XIV, pero tuvo que ser restaurado después de la inundación del año 1421. El puente tiene siete arcos de forma rebajada y diferentes anchuras. Tan sólo uno de los arcos es de piedra, los otros, de ladrillos, pertenecen a reformas posteriores. La construcción en los pilares es de piedras grandes sin escuadrar.

A 2,6 kms. al sureste de Castelló, en la carretera a Sant Pere Pescador, está el Camino del manso Broma. Antes de llegar a este manso encontramos la Capilla de Sant Antoni (probablemente del s. XVIII).

Castelló d’Èmpúries ofrece a lo largo del año numerosos actos culturales. La fiesta mayor es para la Candelera (el 2 de Febrero), pero sin duda el acto más importante es el Festival “Terra de Trobadors” (tierra de trovadores) que se celebra a mediados de Septiembre. Durante unos días la villa revive el tiempo de esplendor de la época medieval con la celebración de actuaciones de música trovadoresca, mercados medievales, conferencias sobre temas medievales y exposiciones.
Castelló tiene mucho para ofrecer al visitante: Un núcleo histórico notable, actos culturales prestigiosos, playas y residencias turísticas, restaurantes, discotecas, el parque natural de los Aiguamolls...que convierten a este municipio en un centro turístico de primer orden. Hay que pedir información en las oficinas que el ayuntamiento tiene repartidas tanto en el pueblo como en Empuriabrava y disfrutar al máximo de todo lo que se nos ofrece.

Últimamente también se ha creado el llamado Ecomuseu Farinera de Castelló d’Empúries. Es un museo integrado al museo de la Ciencia y de la Técnica de Cataluña. Ocupa el espacio del antiguo molino de harina con maquinaria de principios del s. XX y enseña la obtención de la harina de manera artesanal.

Entre una cosa y otra no acabaríamos nunca de hablar de Castelló. Por todo esto y más, vale la pena visitarlo de vez en cuando.


EMPURIABRAVA.

Nada más llegar a la gran urbanización de Empuriabrava, un gran panel nos informa de que nos encontramos en la urbanización marina residencial más grande de Europa. Y no es para menos. La extensión territorial que ocupa triplica la del núcleo de Castelló d’Empúries. Con un total de 503’3 hectáreas, posee unos 15.000 habitantes declarados (casas aisladas y apartamentos) y puede acoger, durante los meses estivales, cerca de las cincuenta mil personas.

Lo más curioso de esta urbanización es la red de canales navegables que la atraviesan en forma de cuadrícula y que suman más de treinta kilómetros de longitud. Alguien dijo que Empuriabrava es la Venecia ampurdanesa.

Esta urbanización lo tiene todo para pasar unas buenas vacaciones y también para vivir todo el año. Se encuentra al lado de una gran playa, el clima ya sabemos que es inmejorable, temperaturas altas en verano y suaves en invierno. Hay buenas comunicaciones, servicios sanitarios, muchos comercios, zonas para practicar diferentes deporte, bares, discotecas y otros establecimientos de ocio... También hay buenos restaurantes y algunos hoteles.

Cada día hay más extranjeros que acaban instalándose definitivamente en la urbanización. Suelen ser jubilados franceses, alemanes, holandeses y algunos ingleses que ya hace tiempo venían a pasar las vacaciones con los hijos, en su chalet con jardín, y ahora hartos de soportar las bajas temperaturas y mal tiempo de sus países se quedan aquí. También hay que decir que con las jubilaciones que cobran de sus países pueden vivir mejor estando aquí.

El origen de Empuriabrava hay que buscarlo, como en las otras urbanizaciones que proliferan por la costa del Estado Español, durante los años 60 del siglo XX, en la larga etapa de prosperidad económica que vivió Europa occidental, después de superar las desgracias ocasionadas por la Segunda Guerra Mundial. A diferencia de las poblaciones vecinas como Roses o L’Escala, donde la previa existencia de un núcleo urbano litoral y de carácter marinero, determinó el tipo de expansión turística alrededor del núcleo antiguo, Empuriabrava surgió de la nada como una ciudad nueva y planificada. El antiguo centro del municipio, alejado del mar, quedó al margen del proceso expansivo.

El lugar donde se sitúa Empuriabrava, aparecía hace unos pocos años, como un trozo más del terraje agrario castellonense, muy diferente de cómo es ahora. Dentro del término formaba parte de la franja litoral, formada por arenales y , a continuación, las tierras dedicadas a pastos (cercados) o al cultivo agrario. Hasta su nacimiento, la mayor parte del terraje se repartía entre cinco grandes manso y un montón de minúsculas parcelas, en manos de numerosos pequeños agricultores. El tipo de cultivo era parecido al que se practicaba en el resto de las tierras de la llanura ampurdanesa propiamente dicha, desde Figueres al mar, y fundamentada en la trilogía trigo-maíz-alfalfa, combinada con una intensa cría de ganado; cerdos y aves en los mansos, y vacas y yeguas en los cercados. El ganado caballar, durante los años inmediatos a la posguerra, experimentó una fuerte expansión por la gran demanda de ganado de trabajo.

Más adelante, desde principios de los años 60 y por tanto, poco antes de los primeros pasos de Empuriabrava, los métodos de cultivo y la vida agraria en general, experimentaron un profunda transformación con la conversión en regadío de una buena parte de las tierras, la expansión de la ganadería vacuna estabulada y la mecanización del trabajo.

De los cinco mansos o corrales, cuatro eran propiedad de un solo hacendado, Antonio de Moxó i Güell, marqués de Sant Mori; eran los corrales Llebrer, Modaguer, Moxó y el corral Vell. El quinto, la Torre Ribota, pertenecía a la familia Llorens de Roses. De todos ellos solo quedan las estructuras, bastante modificadas; del corral Vell (hoy el Hotel Casablanca) y del corral Llebrer (hoy restaurante El Trabuc). Los otros han desaparecido.

Se trataba de grandes haciendas con cien y doscientas besanas de superficie, la mayoría dedicadas al cultivo y el resto a pastos. Estas procedían de viejos pantanales que convenientemente drenados y desalados, pasaban a convertirse en prados naturales y algunos, con el tiempo, en tierras arables. Los prados se encontraban rodeados o cerrados por riegos de desagüe.

En contraste con esta gran propiedad, las piezas eran muy pequeñas –alrededor de una besana y cuarto- y de forma alargada, una al lado de la otra, como tiras paralelas. Estas piezas procedían de antiguas tierras comunales, repartidas a mediados del siglo XIX a los vecinos de Castelló. El paraje de Empuriabrava correspondiente a las piezas, era conocido con el nombre de “ Les Tribanes”.

En el año 1965 se presentó al Ayuntamiento de Castelló el primer plan para urbanizar una amplia zona litoral extendida desde el Muga al riego de los Salinos. El plan se llamaba “Plan Parcial de ordenación de Ampuriabrava. 1ª Fase”, afectaba en principio, la mitad oriental del actual conjunto, y pretendía erigir una gran y original urbanización, atravesada por un cuadriculado de canales de navegación que la convertirían en una marina residencial única en toda la península.

Esta primera fase no fue aprobada hasta dos años más tarde, en 1967, y desde entonces las obras se llevaron a un ritmo muy rápido. Al mismo tiempo se realizaron intensas campañas de promoción, especialmente en Alemania y, con menos dedicación, en Francia y los países de Benelux. Dado la diferencia de precios entre aquellos países y el nuestro, así como la originalidad del proyecto, la promoción tuvo éxito, sobretodo entre los alemanes que, en esta primera etapa significan el grupo predominante, tanto en la compra de parcelas como en la edificación de casas.

En 1975 se aprobó la segunda fase del plan, que abrazaba el resto del territorio, pero habrá que llegar al final de la década para que la anterior preponderancia alemana en licencias de obras construidas, pase a manos de españoles, seguidos a pocas distancia, de aquellos y ya a gran diferencia de los franceses.

Finalmente, en el año 1980, la marina residencial pasa de las manos de la empresa promotora a las del Ayuntamiento, hecho que puede considerarse como la mayoría de edad del nuevo hábitat. Desde el inicio de las obras, Empuriabrava no ha dejado de crecer, aunque el ritmo haya sido muy desigual.

De la superficie total de la urbanización, el 64% corresponde a la zona edificada, un 13% a viales, un 10% a espacios verdes y deportivos, y otro 10% a canales y puertos. La mayor parte de la superficie edificada se destina a viviendas con jardín; siguen las agrupadas en los llamados “poblados típicos” y finalmente, los bloques de pisos. La zona de servicios y almacenes se sitúa en el sector de la entrada, paralelo a la carretera de Roses a Figueres. En este mismo sector, se encuentra el aeropuerto. El sector comercial, en cambio, queda desplazado hacia la playa, en la amplia avenida Carles Fages de Climent, bordeada de porches con arcadas, o en el cruce de ésta con la otra gran avenida perpendicular: la de Joan Carles y la de Europa. Una zona comercial secundaria se encuentra en el sector Alberes. El tramo oriental de la mencionada avenida Fages de Climent conduce a la zona portuaria, el centro de la cual es el original edificio del Club Náutico, con la esbelta torre dominando el conjunto.

A pesar de la corta existencia de esta urbanización y el carácter temporal de la ocupación de la mayoría de sus habitantes, Empuriabrava no dispone de la tradición cultural de la antigua villa, pero se afirma su personalidad como entidad propia. Símbolo reciente de esta identidad es la celebración de la fiesta patronal privativa, el día del Carmen (16 de Julio). La fiesta es motivo de una semana de diferentes actos, tanto deportivos (regatas, exhibiciones de paracaidismo, etc.), como culturales (exposiciones de pintura o fotografía, etc) y populares ( sardanas, cantos de habaneras, sardinada, etc.). Otra ocasión de fiesta y reunión es la Feria del Barco de Ocasión, sin fecha fija.

Pero la principal oferta recreativa de Empuriabrava está en los deportes. En primer lugar y teniendo en cuenta el buen clima, prácticamente durante todo el año, así como la inmejorable situación en medio del Golfo de Roses, en pleno Mediterráneo, mar de aguas tranquilas y cálidas, se han de señalar los deportes náuticos; vela, esquí náutico, para-esquí, surfing, pesca, etc. Existen también algunas escuelas de inmersión y un acuafun .

Otro grupo de manifestaciones deportivas tiene como centro el aeropuerto, destacando los ultraligeros y de manera especial, el paracaidismo. La Escuela de Empuriabrava de Paracaidismo aparece como una de las más prestigiosas en las competiciones de esta clase.

También hay que mencionar el karting, ya que es aquí donde se celebran anualmente los campeonatos de Cataluña. En cuanto al tenis, Empuriabrava dispone de 15 pistas públicas, abiertas todo el día. Completa la oferta de est grupo, un minigolf, en el sector de Carmançó. También la equitación ofrece múltiples oportunidades, con la existencia de dos escuelas; una en Empuriabrava mismo y otra dentro del término. Tanto una como la otra no solo enseñan a montar sino que alquilan caballerías para paseos y excursiones.

Repartidos por todo el municipio hay diversos camping que se podrían agrupar en tres: a) Camping situados en el interior sin contacto directo con la playa: “Empúries” y “Masnou”. b) Camping junto a la playa, al sur del núcleo urbano de Empuriabrava: “Laguna” y “Almatá`” c) Camping junto a la playa, al norte de Empuriabrava: “Internacional Alberes”, “Castell-Mar” y “la strella”.

La mayor parte de estos camping suelen ser de las categorías más altas, disponiendo de toda clase de servicios, desde los más elementales, como agua corriente, teléfono, electricidad, etc, hasta los propios de un alto estándar de vida y comodidad, como bar, restaurante, discoteca, piscina u ofertas de diferentes deportes.
 
Maia Figueres
Perruqueria Sete



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